Este artículo es un aviso y un consejo que le doy, y lo escribo con dolor.
Cada fin de año convoco a un tiempo de ayuno y oración para quienes atraviesan una ruptura matrimonial. Conozco ese dolor. Sé lo que es quedarse, y sé lo que cuesta levantarse cada mañana cuando el cónyuge ya no está.
El propósito de ese ejercicio siempre ha sido uno: que usted ponga la mirada en su relación con Dios y no en su cónyuge. Quien se concentra en el que se fue se desgasta; quien se concentra en Dios recibe consejo, consuelo y entereza. Y cuando un padre o una madre está entero, los hijos sufren menos.
Por eso me duele decir lo que sigue. Algunas personas que en años anteriores ayunaron y oraron conmigo viven hoy en una relación con alguien que no es su cónyuge. Llegaron heridas por un adulterio, y hoy están dentro de otro.
Lo que dice la Palabra
No lo digo yo. Lo dice la Escritura:
Y para que nadie piense que esto se dice solo de la mujer, Jesús habla de ambos:
Lucas 16:18 repite la misma enseñanza. Y a quien ya está separado, la instrucción es precisa:
Hay dos caminos para quien se quedó solo: permanecer sin casarse o reconciliarse. Un tercero no aparece en el texto.
"Pero Mateo 19:9 dice…"
Sé que alguien me citará este versículo:
Le respondo con una pregunta: ¿por qué la Escritura dice aquí fornicación y no adulterio?
La explicación es clara. En la época en que se escribió ese texto, las parejas eran comprometidas en matrimonio mucho tiempo antes del acto público que los hacía marido y mujer. Durante ese tiempo ambos seguían siendo solteros, y la falta de un soltero es fornicación, no adulterio. Si el desposado descubría que su prometida había fornicado, por esa causa le extendía carta de divorcio. Es lo que José pensó hacer con María antes de que el ángel le hablara: estaba desposada con él, "antes que se juntasen", y él "quiso dejarla secretamente" (Mateo 1:18-19).
De ese caso habla Jesús. No habla del matrimonio ya consumado.
Y la ley muestra, además, cuán en serio toma Dios esa unión:
El hombre resarcía al padre, la tomaba por esposa y no podía darle carta de divorcio, porque fue él quien la deshonró.
Por qué no es una segunda oportunidad
Es comprensible que, después de tanto llorar, alguien que llega con ternura parezca una respuesta de Dios. Pero Dios no contradice Su Palabra para consolarnos. Lo que Él unió sigue unido:
La segunda oportunidad que Dios da es otra: la de sanar, la de perdonar, la de esperar en Él, y, cuando Él lo dispone, la de ver restaurado el matrimonio. Llamar "bendición" a lo que la Escritura llama adulterio no cambia lo que es.
Los hijos lo ven todo
Usted recuerda lo que sintieron sus hijos cuando su padre o su madre se fue con otra persona. Ese mismo dolor vuelve a su casa cuando es usted quien trae a alguien más. Para ellos no es un comienzo nuevo; es la segunda vez que ven romperse lo mismo. Malaquías 2:15 recuerda que Dios hizo de dos uno porque buscaba una descendencia para Él.
Si usted ya está en esa relación
Yo no lo estoy condenando. Tampoco es mía la sentencia: es de Jesús, que le dijo a la mujer sorprendida en adulterio:
Las dos partes de esa frase van juntas. Hay perdón, y hay un camino de regreso:
Vuelva. Mi consejo es ese, y el ayuno de este fin de año también es para usted.
"Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salvará a los contritos de espíritu." — Salmo 34:18